«Luces tan distinta»… La Gusana Ciega se presentó en streaming por Sala Estelar

En punto de las ocho de la noche el servidor de Sala Estelar fue albergue de la comunidad gusanadicta. Desde la ciudad de México, La Gusana Ciega ejecutó por casi dos horas un repertorio acústico que logró romper el hielo que la crisis sanitaria provocó alejando a los fans de los foros.

Previo al concierto algunos pudieron convivir con la banda. Los chicos enviaron mensajes personalizados a sus seguidores y charlaron en el Meet and Greet preparado para unos afortunados. Su gente siempre buscó ese contacto ameno pausado por el Coronavirus.

La atmósfera confidencial del formato fue la máxima y eje de la actuación que desde el 6 de marzo del 2020 quedó en la incertidumbre. El público pudo percibir las ejecuciones musicales entre cada integrante de la agrupación. Madame Recamier como invitada haciendo coros y acentuando con percusiones, Daniel, Germán y Lu compartieron el espacio sentados en círculo, como frente a la fogata. Encendieron la noche dirigiendo el saludo a los fans emocionados de verlos nuevamente.

Cada fan delante de su monitor acerca la cerveza, el whiskey, la copita. Hace mucho que no nos vemos ni nos escuchamos. Los espectadores se hicieron presentes en los primeros instantes de la transmisión en el chat habilitado. Ellos enviaban saludos desde Monterrey, Puebla, Ecuador… Bromeaban preguntando por el señor de las chelas, apartando el lugar, pidiendo no empujaran. El hecho: más de uno estaba listo con su botella favorita, su botana predilecta en casa, pero ante todo su oído bien atento al show que estaba a punto de comenzar.

Entre charlas breves comenzaron los golpes a los toms, los rasgeos y slaps a las cuerdas. Giroscopio aperturó lo que sería un concierto extenso. Los chicos comenzaron con algo de lo más reciente Borregos en la niebla. “Rock and roll” sorprendió a los asistentes virtuales. El ritmo original de la canción se vio alterado con cada armonía acústica de los instrumentos. El público fue testigo de una adaptación pausada, muy secreta de la canción que romantizó la atmósfera.

El setlist sorprendió rola tras rola a los fans. “No puedo verte”, “En abril” y “Asimétrica” dejaron boquiabiertos con el nuevo sonido que esta versión 360 de la presentación fue construyendo. Las sorpresas continuaron con la interpretación de canciones del álbum La rueda del diablo. La compatibilidad sonora entre el ritmo y el ambiente generó asombro entre los testigos.

Ello sólo fue preámbulo de uno de los momentos cúspide. La interpretación de “Princesa y el Dragón” se vivió como un hito. Fue el pretexto perfecto para que Lu, Germán y Daniel compartieran una conversación sobre el proceso creativo de la grabación. Las declaracion es, a pesar de ser diversas y contradictorias, dieron pie al anecdotario gusanero.

La pauta a la experimentación sonora fue antesala para presentar “1987”. Mientras Daniel presentaba la rola, Lu sacaba el sax y nos contaba sobre la implementación de efectos en los bajos acústicos. Entre comentarios y risas se platicó un poco de la historia de esos sonidos en el rock mexicano.

La noche navegó entre lo nuevo con “Pasiflorine”, donde los vocales de Madame Recamier despertaron la atención a los arreglos de esta nueva versión (original con Daniella Spalla), y lo clásico y no tocado en vivo. “Más grande” y “Conejo en el sombrero” fueron las siguientes en el orden.

Ya entrados en la intimidad la banda ejecutó “San Miguel”. -Ya extrañaba tocar-, comentó Lu, antes de llegar al momento “Tornasol” de la noche. La gente coreó vía chat y emocionados pedían más de los chilangos. El rock progresivo de “Ejército de hormigas” se vistió de gala para mantener la velada en el modo pasivo en el cual mantuvo el mood.

“Ella estrella” y “Yes, Sir, I can boogie” emanaron fuerza para el cierre del espectáculo. Una presentación llena de particularidades, de armonías, acordes y ritmos distintos; de toques brillantes con la calidad vocal de Daniel y Madame Recamier vibrando las membranas de los micrófonos, las batacas golpeando las membranas y las cuerdas rasgeadas en directo hacia los oídos.

El fandom, La Gusana Ciega y los colaboradores rompieron la barrera de la distancia. Vistieron cómodos para acercar a las masas con acordes inesperados donde el rock se relajó un poco, se sentó al sillón, se puso sus pantuflas y se serenó con el performance brillante y diestro de tan experimentada agrupación.

 

 

 

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