En medio de una temporada especialmente activa para la escena peruana, donde emergen nuevas voces y se consolidan apuestas de largo aliento, Nicolás Duarte lanza Levitar Caer, un videoclip que no compite por atención sino que se instala con solidez. El músico y productor, referente de proyectos como Cuchillazo y La Mente, adelanta así su
En medio de una temporada especialmente activa para la escena peruana, donde emergen nuevas voces y se consolidan apuestas de largo aliento, Nicolás Duarte lanza Levitar Caer, un videoclip que no compite por atención sino que se instala con solidez. El músico y productor, referente de proyectos como Cuchillazo y La Mente, adelanta así su quinto disco solista, en una etapa que lo encuentra más prolífico y arriesgado que nunca. En lugar de replicar lo que ya le funcionó, sigue virando hacia formas menos evidentes.
El videoclip, dirigido por Marco Arauco y Javier Lima, traduce un episodio de ansiedad sin caer en obviedades. Un mimo de rostro neutral deambula por un espacio corroído, acompañado de símbolos inquietantes: muebles desechos, puertas que no conducen a nada, una figura animal imposible de interpretar con certeza. La puesta en escena transmite confusión sin explicarla, y eso mismo ocurre con la canción: estructuras sueltas, progresiones que se expanden sin resolver, capas que rozan lo hipnótico.
Duarte ha entendido que el terreno más fértil puede ser también el menos cómodo. Lejos de la contundencia de sus proyectos anteriores, sus últimas canciones juegan con el desequilibrio emocional y lo convierten en materia compositiva. No hay moraleja en Levitar Caer, pero sí una imagen que queda suspendida. Algo cae, pero también flota. Esa contradicción, que nació de un error fonético durante la grabación, terminó dando sentido a toda la obra.
Lo que podría haberse perdido en el ruido de lanzamientos semanales, termina sobresaliendo por una razón simple: se siente hecho sin prisa y sin fórmulas. Levitar Caer se suma a una serie de lanzamientos peruanos recientes que están construyendo algo mayor sin necesidad de etiquetarse. Cada quien desde su orilla. En el caso de Duarte, esa orilla siempre parece estar en movimiento.
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